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Los aprendices brasileños de español, al partir de su lengua materna, por la proximidad de las lenguas, experimentan un éxito inicial que muchas veces se vuelve problemático en la reorganización de su interlengua, al avanzar en su proceso de aprendizaje de la lengua meta. Uno de los ejemplos más llamativos de la transferencia negativa, verdadera desventaja de la proximidad de lenguas, son los errores en el uso de las formas de tratamiento. En el ámbito teórico de lo morfológico, todo parece estar claro: tanto el portugués como el castellano presentan dos subsistemas de formas de tratamiento informal y formal. Los problemas aparecen en la práctica. Los aprendices brasileños suelen utilizar la forma “usted”, pero no con intención de formalidad o distancia social, sino por analogía formal del pronombre “você” que, en Brasil, posee carácter de informal. Nos encontramos ante formas etimológicamente iguales, pero que se han especializado en subsistemas distintos en ambas lenguas. El tema se complica porque en el llamado español peninsular se conserva, para el plural, la oposición vosotros(as)/ustedes, cosa que no ocurre en el llamado español de América ya que allí se encuentra generalizado el uso de “ustedes” para ambos registros, siendo raro el uso de “vosotros”. También, en zonas amplias de esta región existe, compitiendo con “tú”, la forma pronominal “vos”, generando el fenómeno conocido como “voseo”.
José Antonio Pérez. Cuantificadores. Enfoque contrastivo español–portugués. Embajada de España. Conserjería de Educación. Brasilia, 2004, p. 32 (con adaptaciones).
Texto para la cuestione.
Verso y prosa
El verso
Entre la realidad y la prosa se alza el verso, con todas las ventajas del jugador de ajedrez y ninguno de sus extravagantes cuadros. Ni siquiera el soneto, tan recogido él, tan cruzado de brazos. Pues alguien lo acantiló, lo precipitó por dentro, abombando sus límites para que una historia completa cupiera en una palabra tan triste como ésta. Es el verso sin sonido, el verso por sí mismo, sonando siempre que se le tacta con la boca, caso curioso del subsonido, pero evidente y prolongado.
Duerme la rosa, el soldado y sus predecesores. La poesía sólo aspira a esto, a ser presente sin fábula, puro verso sostenido con una mano en el día siguiente. La rosa puede seguir aquí, dejadla hasta que termine de moverse, es una realidad, al fin y al cabo, contradictoria: una tradición al tiempo, un poco de polvo iluminado.
El verso es distinto, ni realidad encogida ni prosa en exceso descalabrada, de un solo verso nacen multitud de paréntesis, soldados y otras cuestiones.
Respetemos al niño que berrea, a los poetas de antes de la guerra, ignoro a cual me refiero porque todas trajeron multitud de vates nuevos, mesas redondas y una causa que permanece aún en entredicho, la paz, ante todas las cosas.
Para algo ha de servir un renglón, acto seguido de muchas obras públicas, una revolución tal vez aunque todavía desconozcamos la forma de abordarla.
Poesía y palabra
Sabido es que hay dos tipos de escritura, la hablada y la libresca. Si no se debe escribir como se habla, tampoco resulta conveniente escribir como no se habla. El Góngora de las Soledades nos lleva a los distados de Teresa de Cepeda. Sin ir tan lejos, la palabra necesita respiro, y la imprenta se torna de pronto el alguacil que emprisiona las palabras entre rejas de líneas. Porque el poeta es el juglar o no es nada. Un artesano de lindas jaulas para jilgueros disecados.
El disco, la cinta magnetofónica, la guitarra o la radio y la televisión pueden — podrían: y más la propia voz directa — rescatar al verso de la galera del libro y hacer que las palabras suenen libres, vivas, con dispuesta espontaneidad. Mientras haya en el mundo una palabra cualquiera, habrá poesía. Que los temas son cada día más ricos y acuciantes.
Qué será de la poesía
Esperamos la palabra. La puerta de metal, alta, se entreabre sola, descangayada entre la turbia luz del alba. ¿Adónde conduce esta puerta? Es el espejo de una gran fábrica, de plástico azul y vidrio amarillento. No. Hemos penetrado en la ciudad derramada por entre extensas áreas verdes, circunvalada por anchurosa pista de chicle candeal. Tampoco. (Pero esperábamos la palabra.) Estamos en el campo sembrado de máquinas, en la lejanía pespuntea la blanca central hidroeléctrica de 6.700.000 no me acuerdo. Los hombres de la ciudad, de la fábrica, el campo. (¿Y el hombre?) Esperamos la palabra.
Cinematógrafos, televisión, revistas ilustradas, periódicos como escombro… (¿Qué es poesía?) Y esperamos la palabra. (Porque no ha muerto) La palabra precisa, universal, y al mismo tiempo imprevisible. ¿Qué ritmo la mueve, qué vocablos la colman, de qué sintaxis se sirve?
Esperamos ante la puerta, apenas entreabierta. Habrá que empujar.
Blas de Otero. Verso y prosa.
Los poetas llegan a la sociedad a través de
la paz.
Lea el fragmento del poema:
“Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible”
Fuente: Mario Benedetti. Uruguay, en Táctica y Estrategia, del libro Amor, Mujer y Vida.
El poema presenta la idea de:
Lea el diálogo y responda la cuestion.
Marta: Chicos, tengo que deciros algo... creo que Paco me está poniendo los cuernos.
Sara: ¿Por qué eso?
Marta: Porque está como distante, regresa de trabajar súper tarde y cada vez que lo llamo a su móvil me dice que está ocupado y que no puede hablar.
Luis: ¡Qué tío este Paco, con dos mujeres!
Sara: Che Luis, ubicáte, que es algo serio.
Luis: No, sí, sí, discúlpame Marta. Era una broma.
Marta: Vale Luis, que ni ánimo de reírme tengo.
Sara: Bueno, pero eso no quiere decir nada Marti, ¿por qué no lo charlás con él?
Luis: Ah, chicas, antes de que me olvide, Jaime quiere invitaros a su fiesta de cumpleaños mañana. ¿Quieren ir?
Sara: ¡Ay, calláte! ¡Por Dios!
Marta: No sé Luis. ¿Y cómo saco el tema, Sara?
Sara: Mirá, agarrás y le decís que desde hace un tiempito te sentís mal porque él se está comportando de una manera rara con vos.
Luis: Y luego... le dices que se deje de dar vueltas y le preguntas directamente si te está engañando. Y si dice que sí, pues lo reviento.
Marta: Gracias por vuestro apoyo amigos, aunque no quiero nada de violencia.