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¿Tiene sentido emular las expediciones científicas del siglo XIX, como las del antropólogo y biólogo alemán Alexander von Humboldt, o como las que patrocinó Carlos III en el Nuevo Reino de Granada, la actual Colombia, en busca de especies vegetales y animales desconocidos en Europa? Lo cierto es que tras siglos de progreso científico, hoy parece no quedar ya apenas espacio para aquella sorpresa original. En cambio, sigue habiendo lugar para viajes humanísticos que intenten acercar culturas y divulgar el valor de la diversidad. Ese es el espíritu que ha presidido el proyecto Chaco Ra’anga. Un viaje científico y cultural al corazón de Sudamérica: viajar no para certificar conocimientos, no para realizar dibujos al carboncillo de plantas nunca vistas y atravesar con alfileres mosquitos y reptiles, sino para señalar en el mapa regiones apartadas cuya idiosincrasia se encuentra en peligro, amenazada por la expansión de los núcleos urbanos y las explotaciones agrícolas, ganaderas y energéticas. Adentrarse en territorios periféricos, pues, para ejercer de testigos de una realidad conflictiva, y regresar con un relato que ilumine desastres aún evitables o tesoros que conviene preservar. Chaco Ra’anga es el resultado de una expedición realizada por 12 viajeros, y promovida por Cooperación Española, por El Gran Chaco, en el corazón de América del Sur, una amplia región que abarca zonas de Bolivia, Paraguay, Brasil y Argentina, que alberga la segunda reserva boscosa más grande del continente después del Amazonas y una variedad de etnias y culturas propias que mantienen las esencias de sus pobladores primigenios.
The increase in scrutiny and reduction in powers for security agencies has to a considerable extent been triggered by the revelations of the former National Security agency whistle-blower Edward Snowden. These disclosures, along with other leaks from organizations such as WikiLeaks, have shed light on a series of illegal practices adopted by intelligence agencies in many countries, in particular the USA, Germany and the UK. This has led to an unprecedented shift in the nature of intelligence legislation in many parts of the world, with security services witnessing a reduction in their powers for the first time in the post-9/11 era, defined by the West’s commitment to the war on terror. However, despite claims that the agencies are working in the interest of national security, critics counter that overbearing surveillance practices erode and restrict many civil liberties. In spite of the introduction of restrictions in the USA and Germany, Great Britain appears to be heading in the opposite direction when it comes to surveillance policy, with the UK’s Conservative government putting forward plans to grant spy agencies yet more powers to deal with threats to national security. The British government has outlined its highly controversial plan to introduce the Investigatory Powers Bill, which would grant agencies not only more power but also allow them to force Internet companies to log and track users’ web history for up to a year to allow for the police and security services access. It is thought the plan would also compel companies to collect and hold data on mobile phone applications like WhatsApp and Snapchat.
El vocablo “sino” (l.14) puede sustituirse por pero sin producir cambios significativos en la estructura semántica del texto.