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Amar, amar, amar, amar siempre,
con todo el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo:
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.
Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendido
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!
En el trecho “de la vida” (v.5), los elementos “de” y “la” se pueden unir en una sola palabra.