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De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio y el telescopio son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; el arado y la espada son extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: es una extensión de la memoria y de la imaginación. Se dirá: qué diferencia puede haber entre un libro y un periódico o un disco. La diferencia es que un periódico se lee para el olvido, un disco se oye así mismo para el olvido. Un libro se lee para la memoria. ¿Qué son las palabras acostadas en un libro? ¿Qué es un libro si no lo abrimos y lo leemos? Podemos no estar de acuerdo con las opiniones del autor, pero el libro conserva algo sagrado y divino, que renueva en nosotros el deseo de encontrar felicidad y sabiduría.
La oración “qué diferencia puede haber entre un libro y un periódico o un disco” (R.7-8) es una pregunta indirecta, motivo por el cual la partícula que está acentuada.