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Los controladores de la lengua
La pedantería que domina en los niveles culturales, en las reglas de hablar bien y en las reglas ortográficas hace cometer constantemente errores. Hace, a lo largo de los últimos siglos, que se hayan impuesto escrituras de latinajos u otras palabras cultas, que la gente ha admitido más o menos, pero naturalmente sujetándolas (sin darse cuenta, sin pretenderlo) a las reglas que rigen de verdad en la lengua, de manera que les pueden hacer escribir lo que quieran, pero naturalmente la gente, cuando no se da cuenta de lo que hace, cuando habla bien, dice “trasporte”, “estraño”, “ostáculo”, y no se le ocurre, de ninguna manera, decir otra cosa, salvo que la conciencia intervenga, que locutores, por ejemplo, concienciados, quieran hablar bien, lo cual quiere decir ‘hablar como se escribe’, o sea, lo contrario de lo que debía funcionar en todas partes (si se pudiera), que era: escribir, si había que escribir, como se habla.
Pero efectivamente pueden ustedes encontrar locutores (y hasta actores, por petulancia) que digan cosas como ésas: “traNSporte”, “eKScelente”, “oBStáculo” y cosas peores todavía. Las recordarán ustedes porque las habrán oído y, en lo más profundo de ustedes, les habrán ofendido, por más obedientes que por encima sean. Pero por lo bajo les habrán ofendido, y con razón: en ese momento se está traicionando a la lengua en virtud de intervenciones que vienen del nivel consciente, de manera que otra prueba más de que a la lengua la conciencia no le hace falta y, como no le hace falta, le estorba.
Idem, ibidem (con adaptaciones).
La expresión “de manera que” (R.7) es reemplazable por aunque sin que se produzcan alteraciones semánticas o gramaticales en el texto.