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La filosofía del siglo XX nos ha enseñado que el lenguaje no sólo es un medio para pensar y representar al mundo, sino también es constitutivo tanto de aquello sobre lo que se piensa, como del pensamiento mismo. Otra tesis que ha cobrado relevancia se refiere a la historicidad de nuestras lenguas. El lenguaje se desarrolla históricamente, integrando el pensamiento de generaciones sucesivas. Siempre que usamos un lenguaje, lo hacemos desde un momento determinado de su desarrollo y al usarlo contribuimos al mismo tiempo a su preservación y cambio. Esta idea de historicidad del lenguaje es a lo que alude Hans-Georg Gadamer (1900-2002) con su concepto de “conciencia de la historia efectual”, en Verdad y Método (1977). Tener este tipo de conciencia es reconocer que nuestra comprensión del mundo se realiza siempre desde una determinada situación hermenéutica dentro de la tradición que nos constituye y desde la cual se hace presente parte de la experiencia históricamente acumulada en el lenguaje en que pensamos. Generalmente no somos conscientes de esta herencia o tradición histórica que a través del lenguaje se nos transmite y por lo cual tenemos siempre una interpretación prejuicida del mundo. Lengua y tradición son desde mi punto de vista inseparables, si no indistinguibles. La tradición está siempre lingüísticamente constituida y la lengua acontece históricamente como una tradición. Pero al reconocer que el mundo esta lingüísticamente constituido y que el lenguaje cambia históricamente como consecuencia de su uso en situaciones específicas, situaciones siempre diversas pero unidas en una trama de continuidad, entonces tendremos que reconocer que nuestro mundo también se transforma junto con nuestro lenguaje, con nuestro pensar en nuestro lenguaje, en este caso, pensar en español. Así pues, pensar en español es una tarea agónica con varios frentes y riesgos, esperanzas y horizontes en el mundo actual, que es al mismo tiempo multicultural y globalizante. Tenemos, simultáneamente, que integrar a las lenguas y saberes que el español ha excluido, en su carácter de lengua y cultura imperial y dominante, para preservar una sociedad iberoamericana más democrática, auténtica y plural, y, al mismo tiempo, reforzar nuestra identidad de pueblos iberoamericanos frente a las hegemonías globalizantes que en el contexto actual de la sociedad del conocimiento nos subsumen no sólo en lo económico, sino también en lo político, en ciencia y tecnología, en la información y comunicación, en lo educativo y en lo cultural.
Los términos “tanto” y “como” (líneas 3 y 4) expresan una comparación de igualdad.