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“RODRÍGUEZ”
(Francisco Espínola)
[...] - ¿Va para aquellos lados, mozo? - le llegó con melosidad.
Con el agregado de semejante acento, no precisó más Rodríguez para retirar
la mano de la culata. Y ya sin el menor interés por saber quién era el importuno, lo
dejó, no más, formarle yunta y siguió su avance a través de la gran claridad, la
vista entre las orejas de su zaino, fija.
- ¡Lo que son las cosas, parece mentira!... ¡Te vi caer al paso, mirá... y
simpaticé enseguida!
Le clavó un ojo Rodríguez, incomodado por el tuteo, al tiempo que el
interlocutor le lanzaba, también al sesgo una mirada que era un cuchillo de punta,
pero que se contrajo al hallar la del otro, y de golpe, quedó cual la del cordero.
-Por eso, por eso, por ser vos, es que me voy al grano, derecho. ¿Te gusta
la mujer? Decí Rodríguez, ¿te gusta? [...]
Sobre la sentencia “Le clavó un ojo Rodríguez, incomodado por el tuteo” (linea 8), subrayada en el texto, es más adecuado decir que